Fotorreportaje: Rieles del Olvido

Antes de la existencia del ferrocarril ecuatoriano, las regiones del país parecían por siempre separadas por la intransitable cordillera de los Andes. El viajero francés Carlos Wiener escribió, antes de que exista el monstruo de acero, “de Ambato a Quito hay ya una carretera. Pero en el resto del país sólo hay malos caminos de herradura, o veredas en que el viajero tiene que servirse lo mismo de las manos que de los pies para avanzar. En un país así la mula es la base de la sociedad humana”1. El investigador histórico Byron Castro relata en su libro, El ferrocarril ecuatoriano, que existía un refrán popular de la misma época que decía: ‘nuestros caminos son caminos de pájaros, no para gente’.
Por estas razones, el ferrocarril se convirtió en pilar fundamental del diario vivir del Ecuador. Contribuyó al conocimiento del entorno natural de la nación, unió a los ciudadanos y las regiones, fomentó el intercambio cultural y comercial entre estos, y fue un hito importantísimo en el progreso del Ecuador.
Lamentablemente, las fuerzas de la naturaleza y las malas administraciones acabaron con el tren ecuatoriano, sin que siquiera llegase a cumplir 100 años de funcionamiento.
El siguiente es un fotorreportaje que muestra el estado actual del ferrocarril, expresado en las consecuencias de la ausencia del tren en el pueblo ferroviario de Huigra.

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